
Pero, llegados al 26, la escritora se encerró en mi estudio para purificar su mente y su cuerpo y poder reanudar su trabajo literario. Para ese proceso, eligió su libreta negra, que repasó y repasó con ojos críticos para corregir las palabras y expresiones necesarias hasta lograr una visión afilada y perfecta del flujo de la conciencia, y también un bote de Marmite que se ha traído desde Londres.
-La Marmite- dice- es la sustancia que ha impulsado mis emociones a navegar hacia el faro de mis palabras, en compañía de la señora Dalloway, aquella mujer que fue a comprar las flores ella misma, el día en que daba una importante cena.
Por cierto y hablando de faros, en la revista Clara de enero se ha publicado un cuento mío titulado "El faro" (que no "Al faro"). ¿Habrá alguien que se lo lea y me deje escrita, expresada, apresada en este espacio virtual su opinión? Humildemente, Thais.