
Quiero que sepáis que, en vista de lo dicho, la inmadurez de Daniela, he llemado a Virginia Woolf para que me eche una mano en el proceso de maduración de dicho personaje, character, que dicen los británicos.
Y ella, ni corta ni perezosa, ha dejado su frío Londres, ha atravesado el control del aeropuerto con la pasta de dientes en la boca (dicho por enrique Vila-Matas en su artículo del domingo 10 de diciembre en El País), y se ha plantado en mi casa, con un lápiz en la oeja, como si fuera una carpintera de la palabra, y ahí la tenéis, en la foto, en el sofá de mi estudio leyendo acerca de Daniela.
En cuanto llegó le pregunté si había visto a alguien escupir en la calle.
-No. Sería lamentable- respondió.
Bueno, os mantendré informada de sus hábitos en Barcelona. Por si alguna quiere coincidir con ella en un bar o en una exposición.
