
Si no lo consigue y Benedicto sigue diciendo estupideces y permitiendo que sus secuaces hagan lo propio (léase Rouco Varela, Camino y compañía) seguirá el plan 2, que consiste en dinamitar el Vaticano. Y punto.
Si nos llaman laicas radicales, habrá que serlo, ¿no? Porque ya se sabe que la iglesia nunca miente.