25.11.08

Ferrín Calamita y el olvido selectivo de la iglesia

A vueltas con el juez Ferrín Calamita, la LLP le propone para ingresar en la Lista Negra (aquella que incluye a los personajes más nefastos, intolerantes, obsesivos, radicales, terroristas morales y malvados homófobos del planeta tierra).
Este espécimen de humanoide que no llega ni a la categoría de ser humano (para alcanzarla hay que ser humano, como la misma expresión indica), está siendo juzgado por prevaricación al obstaculizar y retrasar la adopción de la hija de una mujer por parte de su esposa. Conocéis, si no me equivoco, el caso.
En el primer día de juicio, como explica El País, el tipo ha dicho que “los hijos de gays son cobayas humanas” (si se trata de si son o no cobayas, los de muchos heteros también lo son. De hecho todos los hijos son una especie de experimento humano porque jamás hay uno igual) y ha reconocido que rechazó hasta en dos ocasiones informes favorables a la adopción para exigir de la Dirección de Familia de Murcia otros que respondieran si no es un derecho del menor "ser insertado en una familia normal [sic], formada por persona
s de distinto sexo" y si esa adopción no aumentaba las posibilidades de que el menor fuera también homosexual, "imitando el patrón que ha vivido en casa en sus años fundamentales para la formación de su personalidad".

En otro orden de cosas, que El Vaticano haya perdonado a John Lennon cuarenta años después de que el Beatle dijera que los Beatles eran más famosos de Jesucristo, me parece una absoluta estupidez. Claro que entronca con esta nueva visión del mundo de Rouco Varela que ahora dice que hay que saber olvidar. ¿Olvidar qué? El olvido muchas veces puede ocultar cierta dosis de culpabilidad no reconocida. Puestos a olvidar, Rouco, ¿por qué no te olvidas de beatificar a los que murieron por el bando franquista (esos no se olvidan, ¿no?), de los homosexuales y de los apóstatas y nos dejas en paz?

24.11.08

Tusquets (y 4)

Última entrega de la entrevista a Esther Tusquets. (Viene de la entrada del 20 de noviembre)
Fotos. Beatriz Ciriquian y Eugenia Gusmerini

-¿Te gusta ser mujer? O, dicho de otra manera, como dices en tu ensayo, ¿"Prefieres ser mujer”?
-Todas las mujeres
a las que se lo he preguntado lo prefieren, lo cual indica que debemos estar un poco locas porque estamos en desventaja. Creo que es más divertido, más libre. Ser mujer permite no ser tan rígidas con las obligaciones. Y si lo miras desde otra perspectiva más seria, entre torturador y torturado, quizás sea mejor ser torturado. De ser esclavo a ser amo de esclavo, no sé… Sí hay algo que es irrenunciable para las mujeres: el trabajo. Y que no me vengan con que no se puede hacer compatible con la maternidad, que hagan lo que sea necesario para compatibilizarlo. Además, la mujer que quiere ser madre hoy en día no quiere tener veinte hijos, sino uno o dos.
-He leído que tie
nes una teoría singular: que la especie humana está mutando hacia un mundo donde los hombres serán cada vez más femeninos…
-No, no. No es esto lo que decía. Yo decía que la especie humana está mutando hacia un grado superior y que e
sta mutación se ha producido primero en las mujeres. Eso es lo que dije. Y he de decir que a veces me parece que nosotras ya estamos en otra cosa y que los hombres siguen anclados en lo mismo.
-Tú has repetido muchas veces que “Habremos conseguido la igualdad el día en que una mujer incompetente alcance un cargo de responsabilidad”. ¿Hemos llegado ya a ese día?
-Hemos llegado ya, pero no hemos conseguido la igualdad. Hemos conseguido mujeres irresponsabl
es en cargos importantes, pero no hay igualdad. Era falsa la frase- sonríe.

-¿La narrativa es una herramienta para entender la experiencia?
-No. La exp
eriencia sirve para escribir, al menos en mi caso. Por eso el escritor siente una curiosidad enfermiza por la vida de los demás. Me muero de curiosidad cuando oigo una conversación en medio de la calle o en la portería. Por ejemplo, con Anna Moix puedo estar habando por teléfono, contándonos chismes un par de horas. Somos unas chismosas. Nos interesan las personas más allá de los seres humanos. También es una cuestión práctica, porque si no conoces a los demás no sabes a quién tienes que coger para un empleo, con quién te quieres casar o a quién tienes que dirigirte para hacer una pregunta. Una vez cubierto esto parece que dejas de interesar a las personas. Pero a mí me interesan infinitamente. Cuando alguien me advierte: “Te aburriré porque solo hablo de mí misma”, yo le digo: “Qué va, me aburrirìas si hablaras de política, de literatura… “.
-¿Estás escribiendo algo?
-Varias cosas. He preparado un libro sobre Barcelona, que formará parte de una colección sobre escritores y ciudades. Y luego estoy preparando la reedición de “Confesiones de una editora poco mentirosa”. Como empieza se convertirá un poco en esa continuación.
-Para acabar, dime una cualidad humana que valores.
-Valoro mucho y no sé si tengo, la bondad. Eso se valora mucho con los años. De joven valoras la inteligencia, la genialidad, la originalidad, la diversión, pero con los años acabas por pensar que ser bueno de verdad es una gran cualidad. Si me pides una cualidad que yo tenga, creo que la coherencia. Soy bastante coherente. Y otra, ser capaz de ponerme en el papel de los otros. Con lo cual nunca estoy segura de tener razón.

21.11.08

'Freeheld', un corto indispensable

No os perdáis este trailer de 'Freeheld'. La historia de una pareja de lesbianas que lucha contra la discriminación en Estados Unidos y que se llevó el Oscar al mejor documental corto de este año.

20.11.08

God is a lesbian

La LLP quiere compartir una curiosidad titulada 'God is a lesbian'. Especialmente dedicado a los intolerantes religiosos.

Tusquets 3

TUSQUETS 3 (viene de la entrada del 17 de noviembre)
Fotos. Beatriz Ciriquian y Eugenia Gusmerini


-En el mundo editorial es necesario tener instinto, dicen.
-Sí. Sin duda. Para calibrar la obra de los demás, sin duda. Yo digo que eitar es como creer en Dios, que no es que acumules pruebas y luego decidas si crees o no crees. Por una cuestión que no puedes explicar, crees o no crees en Dios, y una vez has decidido creer o no creer, te inventas todas las argumentaciones. Pues con los libros pasa lo mismo. Primero, un libro te engancha y una vez te ha enganchado y te ha seducido, si tienes que venderlo delante de un consejo de lectura, te buscas los argumentos. Pero los argumentos vienen después, lo primero es el impulso, la intuición.

-¿Tuviste el impulso de hacer una trilogía a partir de “El mismo mar de todos los veranos”?
-No. Yo quería escribir “El mismo mar…” y sólo una continuación que iba a ser “El amor es un juego solitario”. Pero el éxito y el hecho de que a la gente le gustara, me permitió seguir. De hecho recibí cientos de cartas… H
abía lesbianas y no lesbianas que me escribieron. Algunas mujeres me decían: “Por fin he llegado donde estás tú, y ya llevo tejanos y playeras”. Sobre todo para las mujeres que vivían con un hombre, la novela les ayudó a lograr un grado de independecia y de libertad que no habían imaginado. Me escribían también hombres, había cartas muy bonitas. Y luego había llamadas como eróticas, en las que los hombres me decían que el libro les excitaba. Yo me limitaba a decirles: “Ah, pues me alegro mucho”. Una vez me llamó un señor y me dijo: “Tú que sabes tanto del amor, ¿va a volver ella conmigo? Y yo le dije: “¿Quién es ella?”. Muchas mujeres me trataban como si fuera Elena Francis, una experta en amor.

-¿Existe una literatura lesbiana?
-Quizás sí qu
e los grupos sociales tienen características que se reflejan en lo que escriben. Yo no me enfado cuando hablan de literatura de género. Creo que alguien que me lea descubrirá que está escrito por una mujer. No es que yo esté convencida de que haya literatura de género, pero sí creo que hay elementos distintivos. Porque cuando te sientas a escribir, te sientas con todo lo que eres. Y como eres mujer y ser mujer es importante, pues se refleja en lo que escribes.

-Otra novela en la que tratas el tema de la relación entre mujeres es “Con la miel en los labios”, donde, de nuevo y tras una aventura lésbica, la protagonista acaba con un hombre mediocre. ¿Es verdad que siempre cuentas cómo, de una relación amorosa frustrada, las mujeres acaban casándose con lo primero que encuentran?
-No siempre. Pero,
a menudo, después de una relación amorosa frustrada con un hombre o con una mujer, la mujer se casa con lo primero que encuentra. Me peleé mucho con el editor de “Con la miel en los labios”, que era Herralde. Él decía que era imposible que una mujer tan valiosa como Inés, la protagonista, acabase con un mediocre como aquél y yo le dije que mirara a su alrededor. Porque estaba lleno de mujeres fantásticas que estaban casadas con hombres a los que nadie entiende cómo soportan.