27.12.06

Marmite

Las fiestas navideñas y sus extraordinarios ágapes han pasado y Virginia, recién llegada de su Londres adorado, ha degustado los platos típicos y ha soportado, sin medicación, las eternas sobremesas regadas con licores y espesadas con turrones que ablandaban las palabras y enredaban las lenguas de los conversadores.
Pero, llegados al 26, la escritora se encerró en mi estudio para purificar su mente y su cuerpo y poder reanudar su trabajo literario. Para ese proceso, eligió su libreta negra, que repasó y repasó con ojos críticos para corregir las palabras y expresiones necesarias hasta lograr una visión afilada y perfecta del flujo de la conciencia, y también un bote de Marmite que se ha traído desde Londres.
-La Marmite- dice- es la sustancia que ha impulsado mis emociones a navegar hacia el faro de mis palabras, en compañía de la señora Dalloway, aquella mujer que fue a comprar las flores ella misma, el día en que daba una importante cena.

Por cierto y hablando de faros, en la revista Clara de enero se ha publicado un cuento mío titulado "El faro" (que no "Al faro"). ¿Habrá alguien que se lo lea y me deje escrita, expresada, apresada en este espacio virtual su opinión? Humildemente, Thais.

12.12.06

Virginia está aquí


En realidad todavía no sé quién escribe en este blog. Sí, al principio queda claro que era Mara la autora. Después, las intermitencias entre mi propia identidad, la de Thais, y la nueva que surge ahora, Daniela, se hacen cada vez más insistentes. De todas maneras, como Daniela es todavía un personaje de novela en fase de búsqueda de editor, es decir, un personaje inmaduro, creo que soy yo, Thais la que anota estas líneas.
Quiero que sepáis que, en vista de lo dicho, la inmadurez de Daniela, he llemado a Virginia Woolf para que me eche una mano en el proceso de maduración de dicho personaje, character, que dicen los británicos.
Y ella, ni corta ni perezosa, ha dejado su frío Londres, ha atravesado el control del aeropuerto con la pasta de dientes en la boca (dicho por enrique Vila-Matas en su artículo del domingo 10 de diciembre en El País), y se ha plantado en mi casa, con un lápiz en la oeja, como si fuera una carpintera de la palabra, y ahí la tenéis, en la foto, en el sofá de mi estudio leyendo acerca de Daniela.
En cuanto llegó le pregunté si había visto a alguien escupir en la calle.
-No. Sería lamentable- respondió.
Bueno, os mantendré informada de sus hábitos en Barcelona. Por si alguna quiere coincidir con ella en un bar o en una exposición.
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5.12.06

Escupir, Volumen II

He de reconocer que estoy anonadada, sorprendida, desmontada, alelada, conmocionada, epatada, mesmerizada, contrariada y en franca crisis de identidad. A mi arrebato anterior contra la manía de escupir he de añadirle la siguiente coletilla: desde el pasado viernes hasta ayer, martes, he sido testigo de cómo dos mujeres, sí mujeres, escupían por la ciudad. Y si la primera que vi lo hizo dentro de una papelera, inclinando ligeramente la cabeza, en un intento por pasar desapercibida, la segunda lo hizo al bajr de un taxi y lanzó su proyectil humectante al carril bici po el que yo iba circulando tan tranquila y confiada en que una señora como aquella no iba a escupir jamás en el asfalto, por demás tremendamente castigado ya, de los pobres y perseguidos-por-el-ayuntamiento-de-barcelona ciclistas.

Así que aquí dejo constancia de que este hábito antihigiénico, desagradable y pegajoso, ha alcanzado ya la esfera de la mujer. ¿Será que cuandoi salimos a la calle, cuando conquistamos espacios públicos nos volvemos como ellos? ¿Escupen las futbolistas? ¿Y las paletas? ¿Y las taxistas? ¿Y las periodistas? ¿Y las marineras? ¿Y las abogadas? ¿Y las profesoras? ¿Y las ebanistas?

1.12.06

¿Quién dijo sida?

Cada día se infectan 8 personas por el VIH en nuestro país. Y eso por no hablar de África y del resto del planeta.
Sí, ya
sé que este blog parece una ala siniestra de la vida (hace unos días hablé del suicidio y ahora del sida).
Pero es que hoy, 1 de diciembre de 2006, es el Día Mundial Contra el Sida y me he enterado, por una amiga que trabaja
en una organización no gubernamental, de que el ayuntamiento de Barcelona les ha puesto las cosas difíciles en una jornada tan señalada.
Mi amiga iba a poner un stand en Portal de l'Àngel para repartir folletos y dar información. Bueno, pues habían pensado en que un grupo tocara música para amenizar la cosa y también querían utilizar megáfonos para leer sus consignas y esas cosas habituales en una jornada reivindicativa que, además, se organiza pensando un poco al menos en la gente y en su salud. En fin que motivo altruista no falta.
Bueno, la cuestión es que el ilustre ayuntamiento de la Ciudad Condal -cuando yo hablé con mi amiga, el martes 28 de noviembre- no les dejaba poner ni músicos ni megáfonos. Que lo lean en voz alta, les recomendaron. Y todo por la nueva normativa municipal y porque,
supuestamente, los vecinos se quejan.

Y yo pregunto, ¿no se aplica esta normativa cuando el Barça (eh, el club de mis amores), gana la Liga o la Champions? ¿No se aplica esta normativa a las motos ruidosas y trucadas que atraviesan a toda leche y a toda megafonía la calle? ¿No se aplica cuando la exhibición aérea de la Mercè sobrevuela la ciudad jodiendo a los vecinos durante días y días de ensayos? ¿No se aplica a los helicópteros de trafico? ¿O a los autobuses con frenos desengrasados? ¿O a mi vecino, que a las 6 de la mañana usa el taladro con silenciador y no se nota?


En fin, mala cosa. Sólo quería recordaros que hoy es el día contra el Sida, Por favor, poneros el lazo rojo . Ya que no nos dejan hablar ni chillar, al menos que se vea.
Porque ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente.



28.11.06

DE POESÍA


Vale. He usurpado el protagonismo a Mara. Es cierto. Pero es inevitable, porque he acabado una nueva novela y Mara parece condenada al destierro de mi estudio en favor de Daniela. De momento, yo tomo el mando de la habitación y organizo los libros, los textos y las fotos a mi manera.
Por cierto, el 19 de noviembre se entregaron los premios Dona més dona en Terrassa. En el adorable Reina Victoria, un bar de antaño, dedicado a la reina por antonomasia, la reina Victoria, que estuvo 64 años calentando el trono del gran imperio británico.
En esa velada, leí algunos de mis últimos poemas, además de una creación de Gerry Gómez Pearlberg, poeta neoyorquina, cuyo poema "Transubstanciación" me atreví a traducir para la ocasión.
En fin, que hoy la cosa va de poesía.

Desde la tragedia
Hablaré por primera vez desde la tragedia.
Abriré las manos y dejaré caer,
en cascada de alas batientes,
todo el dolor apresado entre los dedos.

El duelo cierra el cajón

en el mismo instante en que una moto,
con tubo de escape trucado,
se estrella contra el semáforo
y silencia la madrugada.

Las sirenas se abalanzan con su danza y sus destellos
y agitan las manos abiertas
con restos húmedos,
todavía,

del dolor caído.


3 de noviembre
Todas estas piernas
se agitan bajo brazos de utopías,
que regresan
-abochornados-
del trabajo: viernes de 9 a 15 horas.

En esta convulsa estación resbalan,
entre sombras de vagones,
pequeñas y polvorientas escamas
de lo que jamás fuimos.


Los 40 tienen eso:
una nostalgia muy de asfalto
y alquitrán invisible entre las uñas.

Ah, y los recuerdos.


Transubstanciación
De Gerry Gómez Pearlberg


“Me siento como si fuera una salamandra”,
dijo, y en

el largo vaso de agua
de aquel encuentro sexual,

parecía un tritón rojo,
cubierto por un velo de muselina, con algo
incubándose en sus poros.

Vi cómo nos tocábamos
en aquel reino en transformación
de agua
y cristal, igual que un espejo barato
de Las Vegas
del que emergían
nuestros cuerpos
de la casa de la diversión, sardónicos,
reducidos
granulados
extrakinésicos.

Mientras nos inclinábamos para besarnos
o tensábamos nuestros cuerpos hacia arriba
para abrazarnos
o descendíamos para contenernos

parecíamos
una artemia salina
perros de caza faraónicos
aletas de tiburón
tomahawks
calamares de piel
cariátides
y una bullabesa de mantis religiosa.

No importaba que nos dolieran los músculos
después de aquella noche encarnizada
en el cilindro líquido,
la noche para deshacernos
como se dehace la Historia o una cama,
la noche para ser rehechas
en una docena
de criaturas complejas
y luego
-fricción extenuante-
retornamos
de forma brusca

a nuestros cuerpos originales.