1.2.11

Francia, el TC y las historietas


En Francia ocurren cosas. Y esta semana, los galos nos han dado una de cal y otra de arena. Por un lado tenemos el caso de Corinne Cestino y Sophie Hasslauer, pareja desde hace catorce años y con cuatro hijos a su cargo que recurrieron al Tribunal Constitucional francés con la esperanza de que este reconociera los matrimonios homosexuales y pudieran, así, casarse. En Francia existe para estos casos la fórmula judicial del PACS (Pacto Civil de Solidaridad, que se parece a nuestras parejas de hecho. El resultado de toda esta movida es que Corinne y Sophie tendrán que esperar. Porque el TC avala el veto al matrimonio homosexual y asegura en su sentencia que no existe discriminación en la ley vigente (que establece que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer).




Sin embargo, casi al mismo tiempo, tal y como nos informa nuestra corresponsal andorrana, más próxima geográficamente a los galos, en el Festival de Comic de Angouleme, que acaba de cerrar sus puertas, se ha llevad el gran premio del público una historia de lesbianas, algo sorprendente y que represente una tímida salida del armario para las dibujantes gráficas, comiqueras y creadoras de historias que entienden de las cosas de la vida.
El libro se titula 'Le bleu est un couleur chaude',
es de Julie Maroh y está publicado por Glénat. En 'Le bleu est un couleur chaude' (El azul es un color caliente), se explica la historia de una adolescente, Clementine cuya vida da un giro cuando se cruza con una mujer de pelo azul de la que se enamora perdidamente. "He querido contra una historia con la que puedan identificarse muchos homosexuales. Es una historia íntima que parte de una actualidad social. He querido representar una realidad que no encontraba en otras historietas", dice Julie.



Esta historia lesbiana es una rareza en medio de un mundo donde la invisibilidad es también un ente aposentado y enraizado hasta la médula. Como explica Blandine Lacourt, dibujante de 'La p'tite Blan', que explica las desventuras de una lesbiana treintañera y cínica, "hace quince años la única manera de incluir a una lesbiana en un comic era a partir del cliché o a través de la pornografía. El gay se ajustaba a la imagen de hombre ultrafemino y la lesbiana a la de camionera".