"Si yo fuera inquisidora... ", reflexiona Wonder Woman. Y se detiene.

Se queda callada y deja que la mirada se le pierda entre los rincones y las aristas que forman en el aire urbano los rascacielos de la ciudad.
En la mesa reposa un informe sobre la conferencia episcopal (episcolocapal) de españa (todo en minúscula, sí), que habla de excomulgar a quienes se vean involucrados en la práctica de abortos.
"Es un estado laico", insiste Wonder Woman. "Que se vayan al infierno... Si yo fuera inquisidora... lo haría tan bien". Y un brillo en sus ojos detiene el tiempo.
"A la cee le preocupan más los nonatos y los muertos (véase en su web la entrada para beatificar a 498 mártires). Ellos visten de negro, no follan, no son compasivos, ni aman a sus parejas (¿o sí?) castigan, excomulgan, prohíben, marginan y eso sí, cobran, invierten en bancos, apuestan en la bolsa y atesoran riquezas materiales como posesos mientras piden a los creyentes que les den más dinero todavía. ¿No es raro?".
"Ya vale de este tema. Y no, no es raro. Llevan siglos haciendo esto. Es imposible que me concentre con tu ronroneo contra la iglesia", le dice Virginia, que intenta saber cuántas piedras caben en el bolsillo de unos vaqueros.

Un edificio del Soho de Nueva York está 'forrado' con esta imagen: un anuncio de Calvin Klein, la marca que lleva años diciendo que el vaquero tiene que ver y mucho con el sexo. Con esta excusa, nos presenta a una chica abrazando a un chico mientras besa a otro. Para acabar la estampa vaquera, hay otro individuo tumbado y extasiado en el suelo. La tela tejana ocupa menos superficie, casi, que la piel desnuda de los protagonistas.
Algunos neoyorquinos se quejan, las asociaciones preparan críticas y la LLP quiere decir que vender vaqueros con esta imagen tan 'teenager' y de subida hormonal, especialmente masculina, es algo poco novedoso. Poco original y de escasa categoría estética (lo de la estética es una idea de Virginia Woolf, que piensa que en unos vaqueros tan apretados no caben suficientes piedras para... Aquí sus compañeras la han tenido que zarandear un poco para que dejase de desvariar. O de decir verdades tan vehementemente).



Bueno, la cosa es que la LLP ha investigado y ha encontrado imágenes también supuestamente escandalosas de otras campañas publicitarias de la misma Calvin Klein, de Benetton (en plan contra el racismo), de Dolce & Gabbana, de Tom Ford (un perfume ocupando el pubis de una mujer), de Marithé François Girbaud (una reprocucción de la última cena de Cristo que habrá molestado a los católicos), de Sisley... Y en esta me detengo. Dos chicas, casi preadolescentes, ante un vestido blanco cuyos tirantes evocan dos rayas de coca... Esto sí es estúpido e innecesario.

Así pues la LLP aplica a la publicidad aquello de que no discriminarás ni te cargarás una campaña publicitaria por cuestiones de sexo, de género, de religión o de raza.


