6.5.09

Primera indemnización a un homosexual encarcelado en el franquismo

La LLP se alegra de que el Estado se haya decidido a ajustar las cuentas con un pasado reciente que no por afectar a una minoría es menos vergonzoso. La indemnización a Antonio Ruiz, que conoció por culpa de la denuncia de una monja tres prisiones (en la foto la antigua prisión de Badajoz, convertida ahora en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo) por su condición de homosexual durante el franquismo, es un gesto... no, no, es más que un gesto, es un hecho que deja claro que la aberración lo fue el franquismo. Y no los homosexuales y las lesbianas que fueron perseguidos durante ese negro periodo (aunque a algunos les encante iluminarlo con la cara al sol) de nuestra historia más reciente.



"El Estado acaba de reconocer la represión de una minoría. Siento una satisfacción enorme por ver que se repara una injusticia", explicó Antonio Ruiz, el primer homosexual al que el Gobierno indemniza, co
n 4.000 euros, por la represión sufrida en la dictadura de Franco. "Hemos luchado mucho por dar a conocer nuestra represión, que siempre ha sido tabú, y lo hemos logrado. Ese reconocimiento ya está aquí, lo tengo en mi mano, por escrito".


Al respecto, es decir acerca de franquismo y homosexualidad, la LLP os deja unos fragmentos del ensayo sobre la invisibilidad lesbiana en el franquismo que Thais ha publicado en el libro 'Els altres represaliats i discriminats del franquisme' (Los otros represaliados y discriminados del franquismo):



La estigmatización y la deshumanización de la homosexualidad durante el franquismo fue un trabajo constante desde los medios de comunicación, la siempre poderosa iglesia y la sociedad en general. Y se hacía a través del insulto, la ignorancia (se ignoró lo que E. Hooker, una psiquiatra heterosexual demostró en 1954, que la homosexualidad no es una patología) y la creación de claras barreras sociales contra todos aquellos que, como los homosexuales y las lesbianas, cuestionaban el modelo social imperante.

(...)
el catedrático de medicina legal de la Universidad de Zaragoza Valentín Pérez Argilés, además de comparar al homosexual con los tuberculosos por lo de la propagación de su enfermedad, ideó una prueba infalible para descubrir si un sospechoso era o no homosexual o lesbiana. Se trata de un examen morfológico que incluye el análisis de ocho factores:
-El tono de voz y los ademanes. Y dice: ahí se delatan muchos pederastas. (maricón y pederasta es lo mismo entonces).
-Hay que analizar sus gustos y sus preferencias.
-La relación entre el cinturón torácico y el pelviano. Al respecto dice: “En el varón debe predominar la anchura del torácico sobre el pelviano”.
-En cuarto lugar, el reparto del vello: barba, pelo en el pecho, para los hombres, cuanto más mejor. Para las mujeres: pestañas gruesas y largas. De lo contrario, dice, mal pronóstico.
-En quinto lugar hay que vigilar en el hombre si tiene un desarrollo excesivo de las mamas y la forma y tamaño de sus genitales.
-En sexto lugar la presencia del apéndice xifoides. Es decir el extremo inferior del esternón, que en los hombres muy hombres debe tener la forma de una espada triunfadora.
-El reparto de la grasa. Si la piel de la nuca no es más gruesa que la de la región sacral en el hombre y a la inversa en las mujeres, ay de esos cromosomas.
-Para acabar una prueba morfológica infalible: hay que invitar a la persona a que enlace las manos y trate de unir los codos delante del cuerpo. En el hombre normal esta operación es imposible y formará una V invertida. En la mujer sana, por el contrario los codos se tocarán con facilidad y los brazos dibujarán una Y delante del cuerpo.

(...)
La situación para las mujeres, no sólo las lesbianas, ya era complicada. Las mujeres sin posibilidades, estaban sometidas sin remisión a las normas imperantes en el ámbito de la moralidad y si se atrevían a desobedecer la ley de género eran castigadas duramente por sus propias familias. Su sexualidad era cosa de los varones de la familia y no del Estado, que bastante tenía con controlar a los varones homosexuales.
La legislación contra la homosexualidad apenas se aplicaba a las lesbianas puesto que el franquismo imponía la dependencia absoluta de las mujeres respecto a los varones de su familia. La represión de la homosexualidad en el caso de las mujeres se deja al ámbito privado, que es el lugar de las mujeres y el ámbito en el que se custodia, como dice Beatriz Gimeno, el honor y la pureza de las mujeres. Aunque legalmente apenas haya registros, no hay que olvidar la frase de Beatriz Gimeno: “las mujeres no iban a la cárcel, iban al manicomio. O se las trasladaba de ciudad porque las madres siempre pensaban que su hija no era así, que era culpa de alguna amistad inconveniente y por tanto era mejor que se fuera a vivir con unas tías en otra ciudad para ver si se curaba. Pero la niña, no se curaba”. Para ellas, para las lesbianas, el ámbito de represión se ejercía dentro de su propia familia.



4.5.09

Una lesbiana, poeta laureada del reino

En medio de un universo de crisis y gripes 'nuevas' y poderosos viejos (léase Berlusconi y sus ideas de alopécico presumido), amén de emisoras de TDT como Intereconomía (en serio, ¿alguien ve y escucha su visión del mundo?), Veo o la ya bíblica Cope, la enviada especial en Andorra de la LLP insiste en mandarnos alegrías que provienen de la pérfida Albión, es decir, Inglaterra, o más correctamente Reino Unido.



Si To
ny Blair, convertido al catolicismo hace un tiempo, reclamaba al Papa una mayor tolerancia y cambiar de postura (uuuuuy!) con respecto a la homosexualidad, ahora nos enteramos de que ese mismo Prime Minister, obvió nombrar durante su mandato a una lesbiana como Poetisa del Reino.

Afortunadamente, hoy se ha deshecho el entuerto y la escritora escocesa Carol Ann Duffy ha recibido el título de Poeta Laureada de Inglaterra,
un título honorífico que en sus más de tres siglos de historia jamás se le había concedido a una mujer. Duffy de 53 años, ha pedido que le entreguen cuanto antes las 600 botellas de jerez que tradicionalmente se regalan a los elegidos. Y lo ha hecho, evidentemente haciendo gala de su humor, porque su predecesor en ese puesto, el poeta y novelista Andrew Motion, nunca recibió lo prometido.
Fotografía facilitada por Rogers Coleridge and White Limited.

27.4.09

Día de la madre lesbiana

Ahora que lega el Día de la Madre (primer domingo de mayo), la LLP quiere felicitar al centro comercial Gran Vía2, de Barcelona. En serio, es genial la campaña que han hecho -igual que la que hicieron con motivo del Día del Padre-, en la que reivindican algo tan simple como que dos, es mejor que una.

Mirad:


2

23.4.09

Zezé

Como estamos en el día del libro, os dejo un breve texto acerca de una novela precursora en nuestro país, 'Zezé', de Ángeles Vicente.



Prácticamente hasta el siglo XX no hay escritura de mujeres. La tradición literaria lesbiana de autoría femenina es prácticamente invisible. Sin duda, decidirse a realizar esta arqueología literaria es un trabajo por hacer que, en la tradición anglosajona, por poner un ejemplo, ha dado sus frutos. La preparación y edición de antologías de literatura lesbiana, como The literature of lesbianism: a historical anthology from Ariosto to Stonewall, ha permitido descubrir y redescubrir a escritoras desconocidas hasta ese momento. Terry Castle, editor de esta obra antológica, escribe en su introducción: «Hemos descubierto una escuela de poetas de los siglos XVII y XVIII que se inspiraron en el tema de amistad romántica entre mujeres: los panegíricos de amor de Katherine Philips (1632-1664), Anne Killegrew (1660-1685), Anne Finch (1661-1720) y Anna Seward (1742-1809). (…) y a Anne Lister (1791-1840), cuyos voluminosos y codificados diarios, descifrados en 1980, son una revelación de cómo era la vida real de las lesbianas en el mismo mundo provinciano de la Inglaterra d
e la Regencia descrito en las obras de Jane Austen» (Castle, 2003:2).


http://thegood.files.wordpress.com/2007/08/8-virginia-woolf-2.jpg

La propiedad del tema lesbiano, que desde Safo siempre ha estado presente, es masculina hasta la llegada del siglo XX. Tradicionalmente han sido siempre los hombres los que han escrito sobre el lesbianismo a lo largo de la historia, los que se han apropiado del tema para tratarlo a su antojo y darle las connotaciones necesarias para mantener una tradición que, desde hace siglos se repite como un mantra: que las mujeres sin un hombre no pueden tener sexo. Ariosto, Ovidio, Balzac, Zola, D.H. Lawrence… son
algunos escritores que han estampado su firma en novelas de contenido lesbiano más que evidente. Tenemos que esperar hasta llegar al XX, para que mujeres como Gertrude Stein, Virginia Woolf, Radclyffe Hall, Djuna Barnes, Renée Vivien y Natalie Clifford Barney, creen las bases de una nueva tradición literaria lesbiana que, en algunos casos se alejan del discurso oficial de la época, marcado por la emergente disciplina de la sexología y por las teorías de Havelock Ellis, para escribir desde la libertad de género más absoluta.





Así es como, en medio del desierto, apareció París, un auténtico oasis, una fortaleza lesbiana que desafió convenciones morales, prejuicios sociales y también las normas de género establecidas e imperantes. Todas l
o sabemos. París era una mujer, pero, ¿qué ocurría mientras tanto en España?
También hubo un oasis. Éste en forma de novela, ya que a principios del siglo XX, en 1909, Ángeles Vicente escribió la novela Zezé.
Se trata de una “rara avis” en medio de un universo literario en el que sólo hay retratos de lesbianas en las novelas de tinte erótico, escritas por hombres y dirigidas a un público masculino. Ejemplo de esta literatura lo son, como menciona María Castrejón en su libro ... que me estoy muriendo de agua: La Coquito, de Joaquín Belda (1915), Alas y pezuñas, de Emiliano Ramírez, Se limpia a domicilio, de Carlos de Santafé, El triunfo de Carmela, de Artemio precioso (1925) y también Las dos amigas, de Rafael Cansinos-Asséns (en esta obra se tratan las diferencias entre mujeres masculinas y femeninas
en un ambiente de prostíbulo y con un triángulo amoroso como telón de fondo).

Entre los autores masculinos de esa época que tratan el tema de lesbianismo de manera diferente, considerándolo una opción sexual y una forma de libertad, hay que mencionar a Ramón Gómez de la Serna (pareja de la periodista y escritora Carmen de Burgos).
De la Serna nos regala su novela La quinta de Palmyra, en la que explica la historia de una mujer insatisfecha de su
s relaciones con los hombres que acaba encontrando tranquilidad y estabilidad en sus relaciones con una amiga.



En este conte
xto se publica Zezé: «El primer relato de autoría femenina que presenta experiencias lésbicas en una obra española y uno de los primeros en las literaturas europea y americana». A pesar de esta consideración, al final, la protagonista acaba entablando una relación meramente intelectual y afectiva (muy en la línea de las amistades románticas del siglo XIX) con otra mujer, tras sus fracasos con los hombres y el sentimiento de culpa que le produjo su relación lesbiana, explícitamente lesbiana, con Leonor.
Podríamos dudar a la hora de calificarla como novela lesbiana, aunque no se puede negar que, teniendo en cuenta su época, es precursora del tratamiento literario del lesbianismo. Y también del sexo femenino en general. En Zezé está descrito el primer orgasmo de una mujer escrito por una mujer en la literatura española. Sólo por eso merece un lugar privilegiado en estas páginas.



17.4.09

Presentación



No os perdáis, las que podáis, la presentación en Barcelona, el 21 de abril, del libro

"Homosexuals i Transsexuals: Els altres represaliats i discriminats del franquisme, des de la memòria històrica".

El evento, en el que tal vez tengaís ocasión de ver a alguna de las superheroínas de la LLP, tendrá lugar a las 19 horas en el Ajuntament de Barcelona.